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Marta Ardanuy

Acompañar después del Cáncer, no es una decisión casual

 Soy Marta, enfermera desde 1992, Promoción Olímpica.

Llevo más de 30 años trabajando en el sistema sanitario, acompañando a personas en momentos de máxima vulnerabilidad.

Hoy acompaño a mujeres que han superado un Cáncer de mama en una etapa de la que poco se habla.

Cuando el hospital termina, empieza la necesidad de reconectar con la vida.

Aprendí a cuidar en los lugares donde todo es urgente

Comencé mi carrera profesional en urgencias y UVI, alternando ambos servicios durante años. Espacios donde aprendí a sostener, decidir y acompañar en situaciones límite.

Allí entendí algo que sigue guiando mi trabajo hoy:

La técnica es imprescindible, pero la presencia humana lo cambia todo.

Hubo un momento en el que tuve que parar

El nacimiento de mi primera hija marcó un punto de inflexión.
Conciliar turnos hospitalarios, guardias médicas (mi marido es médico) y crianza sin red familiar cercana se volvió insostenible.

Durante años, decidí quedarme en casa y cuidar de mis hijas.

Mi carrera profesional pasó a un segundo plano…
pero yo no dejé de crecer.

En ese tiempo desarrollé algo que hoy es parte esencial de mi acompañamiento:

Organización, lógica, escucha profunda y una empatía real por los procesos vitales complejos.

Volví al hospital… y la oncología me encontró

Cuando me reincorporé al hospital, por motivos de horario, me asignaron al servicio de oncología.
Un servicio que, en ese momento, estaba poco estructurado, fragmentado y sin una visión de conjunto.

En menos de un año, rehice el servicio por completo.

Diseñé y puse en marcha un circuito integral de atención al cáncer de mama, que incluía:

  • Biopsias ecoguiadas y estereotáxicas para diagnóstico precoz
  • Coordinación con cirugía de mama
  • Acompañamiento durante quimioterapia
  • Organización del hospital de día
  • Seguimiento enfermero hasta el alta médica

Por primera vez, el proceso dejó de ser fragmentado y empezó a vivirse de forma cohesionada, humana y comprensible para las pacientes.

El alta médica no lo resuelve todo

Acompañando a tantas mujeres en oncología, vi algo repetirse una y otra vez:
cuando el tratamiento termina, muchas se quedan solas con lo que sienten.

Ya no necesitan más pruebas.

Ya no están enfermas.
Pero tampoco se sienten bien.

Falta un espacio para reconectar con el cuerpo, con la vida y con la alegría de estar viva.

Y ese vacío no lo cubre el hospital.

Por eso hoy acompaño fuera del hospital

Mi trabajo hoy nace de ahí.
De unir mi experiencia como enfermera oncológica, mi formación en nutrición y mi vocación de acompañamiento humano, para estar presente justo donde más se necesita:
después del alta médica.

Acompaño procesos de reconexión, no desde la urgencia, sino desde el respeto, la escucha y la vida real.

No acompaño para “volver a ser la de antes”.
Acompaño para habitar con confianza a la mujer que eres ahora.